LA REVOLUCIÓN DEFINITIVA

Después de cuarenta años de reuniones, manifiestos, congresos, escisiones, fusiones, renuncias, expulsiones y nuevas escisiones, los revolucionarios consiguieron ponerse de acuerdo. La noticia recorrió el país entero. Miles acudieron a escuchar el histórico anuncio. El secretario general subió al podio y leyó solemnemente la resolución final:

—A partir de hoy, el principal enemigo de la revolución será cualquier revolucionario que discrepe con esta resolución.

EL PATRIOTA

Toda su vida había amado la patria. La defendía de los extranjeros, de los traidores, de los periodistas, de los profesores, de los artistas, de los jueces y, en ocasiones, incluso de los propios ciudadanos. Cuando finalmente llegó al poder, prometió salvarla definitivamente. Cinco años después no quedaba una sola institución independiente. Contempló la obra terminada desde el balcón presidencial y se sintió satisfecho.

—Por fin —susurró—. Ahora la patria ya no corre peligro de parecerse a una democracia.

EL COMITÉ DE LA VERDAD

Cuando el gobierno creó el Comité Nacional de la Verdad, todos respiramos tranquilos. Era evidente que alguien debía decidir de una vez por todas qué cosas habían ocurrido realmente y cuáles no. Durante meses trabajaron sin descanso. El hambre resultó ser una exageración estadística. La corrupción, una interpretación emocional de los contratos públicos. La inseguridad fue reclasificada como una percepción pesimista del ciudadano. Los miembros del comité celebraron una rueda de prensa para anunciar sus conclusiones. Al terminar, un periodista preguntó si quedaba algo por investigar. El presidente del organismo sonrió con orgullo.

-Ya no. Hemos eliminado todas las dudas.

EL PREMIO

Lo llamaron para recibir el galardón al Ciudadano Perfecto. No recordaba haber hecho mérito alguno, pero tampoco quiso contrariar al comité. Le entregaron una medalla con forma de ojo abierto y un diploma donde se certificaba que durante años había evitado toda opinión incómoda, toda iniciativa innecesaria y todo gesto susceptible de alterar el orden establecido. Los aplausos duraron varios minutos. La presidenta del jurado destacó su trayectoria ejemplar: jamás denunció una injusticia que no lo afectara directamente, jamás formuló una pregunta inconveniente y jamás se dejó arrastrar por el vicio de pensar en voz alta. Cuando le preguntaron el secreto de su éxito, permaneció en silencio. Aquella respuesta le valió una segunda medalla.

China y EE. UU. en América Latina: ¿lucha por la hegemonía?

Donald John Trump, quien asumió por primera vez la presidencia de los Estados Unidos de América el 20 de enero del año 2017 convirtiéndose así en el 45.º mandatario de ese país, marcó su mandato inicial con la promesa de «Make America Great Again». Este lema, que evocaba una percepción de grandeza del pasado, guio una política exterior basada en el nacionalismo económico, la confrontación y una retórica contundente hacia aliados y rivales. Con su vuelta al poder el 20 de enero de 2025, ahora como el 47.º presidente, Trump no solo ha continuado este estilo de gobierno, sino que ha intensificado una política exterior que, a juicio del suscrito, más que fortalecer y consolidar la posición de Estados Unidos en el mundo, está generando un espacio para la expansión de la influencia de la República Popular China, particularmente en América Latina.

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LA PRÓXIMA BATALLA DEL PROGRESISMO NORTEAMERICANO: EMPATÍA Y RECONEXIÓN

En tiempos recientes, el Partido Demócrata en los Estados Unidos de América ha experimentado una transformación profunda que ha cambiado tanto su enfoque como su imagen pública. A partir de la era progresista, de la mano de Thomas Woodrow Wilson, el partido comenzó a girar y a dejar a un lado sus posturas radicales y conservadoras, orientándose hacia el activismo social y la reforma política en todo el país.

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DISCURSO VACÍO

Después de años en el congreso, finalmente había logrado su gran triunfo: un discurso que quedaría grabado en la memoria de todos. La sesión estaba llena, y los medios transmitían en directo. Se levantó con una postura firme, la voz clara, y comenzó a hablar del pueblo, de los derechos, de la libertad que el gobierno les había arrebatado. Las palabras fluyeron como un río bien encauzado, cada frase diseñada para emocionar y movilizar. Pero algo extraño ocurrió. Mientras hablaba, un eco comenzó a surgir desde las paredes, repitiendo cada palabra. «libertad», «justicia», «igualdad». Al principio, pensó que era su voz resonando con fuerza, pero pronto se dio cuenta de que el eco no seguía su ritmo. Las palabras se deslizaban por los muros, repetidas una y otra vez, deformándose, hasta perder su sentido original. El público lo miraba con expectación, pero él ya no sabía si era su discurso lo que escuchaban o solo ese eco lejano y vacío. Al terminar, la sala estalló en aplausos, aunque no estaba seguro de por qué. Ni él recordaba ya lo que había dicho.

EL HÉROE SIN NOMBRE

Una estatua en la plaza del pueblo llevaba décadas en pie. Los niños jugaban a su lado y las aves volaban a su alrededor. Al pasar junto a ella, todos los habitantes del pueblo se detenían, le hacían una reverencia y la admiraban; los visitantes se maravillaban y le rendían pleitesía… pero todo esto sin que nadie supiera quién era el hombre representado en aquella estatua de bronce. Un día, un historiador llegó al pueblo decidido a resolver el misterio. Tras semanas de investigación y de entrevistar a los ancianos de aquel pueblo, llegó a la conclusión de que el hombre representando en la estatua jamás había existido. La estatua había sido colocada como símbolo, no de un héroe, sino de la esperanza de que algún día llegaría uno.

EL SUEÑO DEL PODER

Tras años de lucha y promesas, el candidato finalmente ganó las elecciones. La noche de la victoria, al fin solo en su despacho, se sirvió un whisky y sonrió ante su reflejo en el espejo. “Esto es solo el comienzo”, pensó. Pasaron los meses, las reuniones interminables, los acuerdos que contradecían cada uno de sus ideales. Un día, cansado, abrió la ventana y observó la ciudad que tanto había prometido cambiar. Los mismos barrios pobres, las mismas caras llenas de resignación. —Nada ha cambiado —murmuró. Los años de promesas se habían diluido en un mar de burocracia. Apagó la luz de su despacho y se marchó, sabiendo que su sueño de poder no era más que eso, un sueño. En el fondo, aunque le aterraba, conocía la verdad: no buscó el poder para gobernar, sino para sobrevivir.

ARCHIVO ETERNO

En los sótanos del palacio de justicia, había un archivo que contenía todos los documentos olvidados por el tiempo. Un joven pasante, aburrido de su trabajo, comenzó a revisar los viejos casos. Entre papeles amarillentos, encontró una sentencia que nunca se había cumplido. Era de un hombre acusado de traición, hacía más de 100 años. Intrigado, preguntó a su jefe por qué aquel documento seguía allí.
—Porque a veces, la historia nos olvida, y esa es la más reivindicadora forma justicia y la peor de las condenas.