Después de cuarenta años de reuniones, manifiestos, congresos, escisiones, fusiones, renuncias, expulsiones y nuevas escisiones, los revolucionarios consiguieron ponerse de acuerdo. La noticia recorrió el país entero. Miles acudieron a escuchar el histórico anuncio. El secretario general subió al podio y leyó solemnemente la resolución final:
—A partir de hoy, el principal enemigo de la revolución será cualquier revolucionario que discrepe con esta resolución.