En las últimas discusiones sostenidas acerca de cuáles causales del aborto podrían comprender un equilibrio entre el beneficio tecnológico del mundo posmoderno, la cristiandad, el humanismo perdido y el derecho ausente de las mujeres, la conversación ha pasado de ser un debate conservadoramente ético a ser uno irracionalmente teológico y que está siendo manejado como un tema religioso, no social; como un tema espiritual, no físico; como un tema ideológico y no de realidad.
Sigue leyendo