En una cena de estado, el líder de la oposición levantó su copa y dijo en tono sarcástico: «Brindo por la integridad de nuestros líderes, que siempre encuentran una manera de salir limpios del barro en el que se meten». El presidente, sin perder la compostura, levantó su copa también y respondió: «Y yo brindo por la oposición, que nunca pierde la oportunidad de quitarse el barro de encima y lanzarlo a nuestro camino, demostrándonos el origen».
Microcuentos
EL PACTO AGRIDULCE
El político, desesperado por mantenerse en el poder, se encontró una noche con un hombre misterioso en una esquina oscura, cubierto de pies a cabeza y con dificultad para respirar. «Puedo darte lo que quieras, lo que desees, terrenal o espiritual», le dijo el extraño, «pero a cambio, tomaré lo que más amas». Sin pensarlo dos veces, el político aceptó. Al día siguiente, se despertó en la cumbre de su carrera, aclamado por todos mientras le vestían con la banda presidencial. Pero cuando regresó a casa, su cuerpo no dejó marcas en el asiento del vehículo, sus manos no pudieron tocar la puerta, su rostro no se reflejó en ningún espejo, sus hijos no vivían y para su esposa, no existía; la banda presidencial se la había llevado la brisa y en la puerta lo esperaba el hombre misterioso para su viaje sin retorno.
EL PRECIO DE LA PALABRA
El político, rodeado de micrófonos y cámaras, hizo una promesa grandilocuente, asegurando que cumpliría con todo lo dicho. Días después, su asesor le entregó un sobre con una sola hoja dentro. «Es el costo de tus palabras», le dijo, y en la hoja solo estaba escrita una cifra exorbitante. «¿Esto es lo que costará cumplir la promesa?», preguntó el político. «No», respondió el asesor, «esto es lo que costará romperla».