EL MINISTRO CAIDO

Cuando anunciaron la renuncia del ministro, las noticias lo llamaron una “decisión voluntaria”. El hombre, siempre impecable en sus trajes de seda, había sido el arquitecto de muchas de las leyes más polémicas del país. Pero en la sombra, se tejían rumores de corrupción, de favores mal calculados, de traiciones invisibles. Su renuncia fue recibida con asombro, pero no sorpresa. En el palacio de gobierno, sus antiguos aliados murmuraban entre copas de vino, cada uno tratando de olvidar cuántos secretos compartían con él. Mientras tanto, en su despacho vacío, los papeles se amontonaban sobre su escritorio. Lo habían quitado del juego, pero sus huellas aún estaban en cada esquina.

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