EL DICTADOR SIN ROSTRO

Durante años, un retrato colgaba en cada edificio, en cada aula, en cada oficina. Nadie recordaba cuándo exactamente había llegado al poder, pero todos conocían su rostro. Sus órdenes eran ley, y su nombre se pronunciaba con temor. Un día, un hombre se detuvo frente a uno de sus retratos y notó algo inquietante: el rostro en el cuadro no era el mismo de siempre. Las facciones habían cambiado ligeramente. Al día siguiente, el cambio fue más notorio. Y así, día tras día, el rostro del dictador se iba desdibujando, hasta que finalmente, ya no quedaba nada. A pesar de ello, las órdenes seguían llegando, el poder seguía en pie. Lleno de horror se dio cuenta que nunca había sido el rostro lo que los gobernaba, sino el miedo.

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