Carta José Martí a Máximo Gómez (13-09-1892)

Al General Máximo Gómez

 

Santiago de los Caballeros, Santo Domingo
13 de Septiembre de 1892


Sr. Mayor General del Ejército
Libertador de Cuba
Máximo Gómez


Señor Mayor General:

El Partido Revolucionario Cubano, que continúa, con su mismo espíritu de creación [redención] y equidad, la República donde acreditó Vd. su pericia y su valor, y es la opinión unánime de cuanto hay de visible del pueblo libre cubano, viene hoy a rogar a Vd., previa meditación y consejo suficientes, que repitiendo [renovando] su [el] sacrificio ayude a la revolución como encargado supremo del ramo de la guerra, a organizar dentro y fuera de la Isla el ejército libertador que ha de poner a Cuba, y a Puerto Rico con ella, en condición de realizar, con métodos ejecutivos y espíritu republica, el [su] deseo manifiesto y legítimo de su independencia.

Si el Partido Revolucionario Cubano fuese una mera intentona, o serie de ellas, que desatase sobre el sagrado suelo de la patria una guerra tenebrosa, sin composición bastante ni fines de desinterés, o una campaña rudimentaria que pretendiese resolver con las ideas vagas y el valor ensoberbecido los problemas complicados de ciencia política de un pueblo donde se reúnen, entre vecinos codiciados o peligrosos, todas las crudezas de la civilización y todas sus capacidades y perfecciones; —si fuese una revolución incompleta, de más adorno [palabras] que alma, que en el roce natural y sano con los elementos burdos que ha de redimir, vacilara o se echase atrás, por miedo de las consecuencias naturales y necesarias de la redención, o por el puntillo desdeñoso de inhumana y punible superioridad; —si fuese una revolución falseada, que por el deseo de predominio o el temor a la sana novedad o trabajo directo de una república naciente, se disimulase bajo el lema santo de la independencia, a fin de torcer, con el influjo ganado por él, las fuerzas reales de la revolución, y contrariar, con una política sinuosa y parcial, sin libertad y sin fe, la voluntad democrática y composición equitativa de los elementos confusos o impetuosos del país; —si fuese un ensayo imperfecto, o una recaída histórica, o el empeño novel del apetito de renombre, o la empresa inoportuna del heroísmo fanático, — no tendría derecho el Partido Revolucionario Cubano a solicitar el concurso de un hombre cuya gloria merecida, en la prueba larga y real de las virtudes más difíciles, no puede contribuir a llevar al país más conflictos que remedios, ni a arrojarlo en una guerra de mero sometimiento o destrucción, ni a estorbar y corromper, como en otras y muy tristes ocasiones históricas, la revolución piadosa y radical que animó a los héroes de la guerra de Yara, y le anima a Vd., hoy como ayer, la idea y el brazo.

Pero como el Partido Revolucionario Cubano, arrancando del  conocimiento sereno de los elementos varios y alterados de la situación de Cuba, y del deseo de equilibrarlos en la cordialidad y la justicia, es aquella misma revolución decisiva, que al deseo de constituir un pueblo próspero con el carácter libre, une ya, por las lecciones [pruebas] de la experiencia, la pericia requerida para su ordenación y gobernación;-como el Partido Revolucionario Cubano, en vez de fomentar la idea culpable de caer con una porción de cubanos contra la voluntad declara. da de los demás, y la odiosa ingratitud de desconocer la abnegación conmovedora, y el derecho de padres de los fundadores de la primera república, es la unión, sentida e invencible, de los hijos de la guerra con sus héroes, de los cubanos de la Isla con los que viven fuera de ella, de todos los necesitados de justicia en la Isla, hayan nacido en ella o no, de todos los elementos revolucionarios del pueblo cubano, sin distingos peligrosos ni reparos mediocres, sin alardes de amo ni prisas de liberto, sin castas ni comarcas,—puede el Partido Revolucionario Cubano confiar en la aceptación de Vd., porque es digno de sus consejos y de su renombre. [su consejo y renombre.]

La situación confusa del país, y su respuesta bastante a nuestras preguntas, allí donde no ha surgido la solicitud vehemente de nuestro auxilio; nos dan derecho, como cubanos que vivimos en libertad, a reunir enseguida, y mantener dispuestos, en acuerdo con los de la Isla, los elementos con que podamos favorecer 0 la decisión del país. Entiende el Partido que está ya en guerra, así como que estamos ya en república, y procura sin ostentación ni intransigencia innecesaria, ser fiel a 1a una y a la otra. Entiende que debe reunir, y reúne, los medios necesarios para la campaña inevitable, y para sostenerla con empuje; y que,—luego que tenemos la honrada convicción de que el país nos desea y nos necesita, y de que la opinión pública aprueba los propósitos a que no podríamos faltar sin delito, y que no debemos propagar si no los hemos de cumplir,—es el deber del Partido tener en pie de combate su organización, reducir a un plan seguro y único todos sus factores, levantar sin demora todos los recursos necesarios para su acometimiento, y reforzarlos sin cesar, y por todas partes, después de la acometida.—Y al solicitar su concurso, señor Mayor General, esta es la obra viril que el Partido le ofrece.

Yo ofrezco [invito] a Vd., sin temor de negativa, [a] este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle [para ofrecerle] que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres. El tesón con que un militar de su pericia,—una vez que a las causas pasadas de la tregua sustituyen las causas constantes de la revolución, y el conocimiento de sus yerros remediables,—mantiene la posibilidad de triunfar allí donde se fue ayer vencido; y la fe inquebrantable de Vd. en la capacidad del cubano para la conquista de su libertad y la práctica de las virtudes con que se le ha de mantener en la victoria, son prueba sobrada [pruebas suficientes] de que no nos faltan los medios de combate, ni la grandeza de corazón, sin la cual cae, derribada o desacreditada la guerra más justa. Vd. conoció, hombre a hombre a aquellos héroes incansables. [inmortales.] Vd. vio nublarse la libertad, sin perder por eso la fe en la luz del sol. Vd. conoció y practicó aquellas virtudes que fingen desdeñar, [afectan ignorar] o afean de propósito los que así creen que alejan el peligro de verse obligados, de nuevo o por segunda vez  a [o] imitarlas, y que sólo niegan los que en la estrechez de su corazón no pueden concebir mayor anchura, o los soberbios que desconocen en los demás el mérito de que ellos mismo no se sienten capaces. Vd., que vive y cría a los suyos en la pasión de la libertad cubana, ni puede, por un amor insensato de la destrucción y de la muerte, abandonar el retiro respetado y el amor de su ejemplar familia, ni puede negar la luz de su consejo, y su enérgico trabajo, a los cubanos que, con su misma alma de raíz, quieren asegurar la independencia amenazada de las Antillas y el equilibrio y porvenir de la familia de nuestros pueblos en América.

Los tiempos grandes requieren grandes sacrificios; y yo vengo confiado a pedir [rogar] a Vd. que deje en manos de sus hijos nacientes y de su compañera abandonada la fortuna que les está levantando con rudo trabajo, para ayudar a Cuba a conquistar su libertad, con riesgo de la muerte: vengo a pedirle que cambie el orgullo de su bienestar y la paz gloriosa de su descanso por los azares de la revolución, y la amargura de la vida consagrada al servicio de los hombres. Y yo no dudo, señor Mayor General, que el Partido Revolucionario Cubano, que es hoy cuanto hay de visible de la revolución en que Vd. sangró y triunfó, obtendrá sus servicios en el ramo que le ofrece, a fin de ordenar, con el ejemplo de su abnegación y su pericia reconocida, la guerra republicana que el Partido está en la obligación de preparar de acuerdo con la Isla, para la libertad y el bienestar de todos sus habitantes, y la independencia definitiva de las Antillas.

Y en cuanto a mí, Señor Mayor General, por el término en que esté sobre mí la obligación que me ha impuesto el sufragio cubano, no tendré orgullo mayor que la compañía y el consejo de un hombre que no se ha cansado de la noble desdicha, y se vio día a día durante diez años en frente de la muerte, por defender la redención del hombre en la libertad de la patria.

           Patria y Libertad.

El Delegado

José Martí

 

 

 

Transcripción de «José Martí: Obras completas volumen 2», págs 160-164. 

 

Un comentario en “Carta José Martí a Máximo Gómez (13-09-1892)

  1. «Yo ofrezco [invito] a Vd., sin temor de negativa, [a] este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle [para ofrecerle] que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres». Wow

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